![]() |
| "Corona" ilustración Beatriz López |
Ayer volví a ver la película “El club del emperador”. En
ella se cuenta una historia repetida en muchas ocasiones en el cine: la
relación que un profesor tiene con sus alumnos y la influencia que tiene sobre
ellos de una forma consciente e inconsciente.
En este caso el protagonista interpretado por Kevin Kline es
un profesor de historia clásica en un colegio elitista de Estados Unidos que
crea un concurso de preguntas y respuestas sobre la Roma Imperial como método
para incentivar a sus alumnos en el estudio y cuya única recompensa para el
ganador es ser nombrado “Señor Julio Cesar”.
A final de la película los alumnos protagonistas de la
historia se reúnen de nuevo ya mayores junto con su viejo profesor para repetir
el concurso y sus distintos caracteres de adolescentes se repiten en su edad
adulta.
En una escena agasajan a su profesor con un regalo: una
placa que reza: “Un buen profesor tiene poca historia propia que contar, su
vida pasa a otras vidas. Los profesores son los pilares de la estructura mas
intima de nuestros colegios, son más fundamentales que las piedras o las vigas
y siguen siendo una fuerza impulsora y una energía reveladora que nos guía en
nuestras vidas”. Aunque no estoy del todo de acuerdo con estas palabras porque
creo que un profesor si tiene una historia propia y precisamente esta historia
es la que le enriquece, si me siento muy identificado con que son los pilares
de la estructura mas intima de nuestros colegios. Lo he vivido en propias
carnes siendo alumno al que han influido de forma fundamental, aún recuerdo
profesores que tuve hace cuarenta años, y siendo profesor y viendo como mis
actuaciones influían sobre mis alumnos con la gran responsabilidad que eso
conlleva.
Aún lo vivo porque, además de impartir alguna que otra
clase, convivo con una persona de las que siente la docencia como una razón de
vida y no como un medio de sustento.
Este colectivo, al igual que cualquier otro, tiene buenos y
malos profesionales pero en los tiempos que corren deberíamos trabajar para que
cada vez fueran mejores, estuvieran más reconocidos por la sociedad y fueran,
tal como dice la placa que regalan al protagonista de la película, más
fundamentales que las piedras o las vigas y sigan siendo una fuera impulsora y
una energía reveladora que nos guía en nuestras vidas.
ORSO

No hay comentarios:
Publicar un comentario