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| ilustración Beatriz López |
Los médicos me han dicho que
estoy mejor de lo mío, pero os confieso que no entiendo a que se refieren,
porque yo me encuentro bien desde que en el 86 bailando pogo (baile punk
que consiste en pegarse de cabezazos) con mi amiga Martona me di tal
golpe, que tuvieron que llevarme de
urgencia al Hospital de Alcorcón, ya
que me había quedado sin sentido.
Después de eso nada fue nunca igual, mi severo trastorno de personalidad antisocial desapareció casi por completo, los médicos no se lo explican todavía, aunque tengo ciertos
síntomas leves, como una pequeña dificultad para
socializarme, la aparente indiferencia emocional por los demás, intolerancia a sonidos agudos (compro y
rompo todos los discos de AMAYA MONTERO).
No necesito a nadie con quien relacionarme, de hecho, todos me incordian
y comparto piso (con mi pareja) por no
poder costearme uno propio. Es mi novio el que dice que me ve tan llena de
vida, que algunas veces se le olvida que no soy humana.
Por otro lado casi al
tiempo de mi recuperación, empecé a vestirme de color (aunque nunca ROSA), me
deje el color natural de mi pelo y empecé a tomar el sol con protección 50. No
bebo ni fumo salvo en ocasiones especiales en las que me bebo y me fumo lo de
todo un año. Sigo bailando como una loca en cuanto me ponen música, y desde el
golpe, es oír la música disco de los 70-80 y en particular DONNA SUMMER y
parezco un hámster en la rudecita.
Y hablando de música, el titulo de este articulo se refiere al
caos musical en el que vivimos actualmente, pero ¿ qué se puede pedir a una
generación en la que la mayoría no ha
hecho la comunión?. Vosotros no sabéis
lo que es sufrir dos años de catequesis los sábados por la mañana, con lo que
supone madrugar los fines de semana aunque tengas ocho años, para soportar a
las catequistas cantando “yo tengo un gozo en el alma” y todo eso para que tus padres luego, no te dejen ir vestidita con un precioso traje de comunión NEGRO.
Y cuando creía que todo esto había terminado, que lo había
superado psicológicamente, vuelven como oscuras golondrinas, las rubias
lánguidas con labios rojos y que cantan con desgana, a llenar mi espacio musical de las mañanas. Y con ellas vuelve
ese sentimiento de estafa que tenía cuando siendo pequeña ponía la tele para
ver a los PICAPIEDRA y en vez de ver a Pedro y a Pablo, salía María Ostiz con
la guitarra, melena al viento, vestidos vaporosos y cantando canciones de misa.

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